Prohibir por Prohibir
Febrero 21st, 2007
¿Hasta qué punto debe un estado o institución dedicarse a prohibir todo aquello que pueda suponer un riesgo para aquel que lo elige? ¿Hasta qué punto es beneficioso para la sociedad articular formalmente mecanismos de conducta que deberían ser asumidos defacto por la misma sociedad?
Cuando una institución ve la necesidad de plantearlo sólo se me ocurren dos razones: la primera de ellas hace referencia a razones electoralistas, es decir, hay un sector de la población que me pide algo y lo hago aunque no me parezca bien. La segunda considero que es más seria, y se trata de visualizar que la sociedad está herida y en vez de curarla me pongo una tirita.
Algo así lleva ocurriendo los últimos meses con leyes y ordenanzas que parecen más destinadas a contentar a una gran mayoría antes que a solucionar los verdaderos problemas. Nos quedamos con el barniz, con la pintura, no con la carcoma interior.
La última ha sido el tema de la supuesta Ley del Alcohol que incluiría el vino entre sus víctimas. Parece claro que existe un problema real con el consumo de alcohol por parte de la gente joven, y en vez de buscar el porqué y plantearnos soluciones se dedican a tratar de prohibir algunas cuestiones que seguramente paliarían el problema pero no lo solucionarían.
Se pretende prohibir la publicidad, la venta a menores y algunos otros aspectos que ya estaban recogidos en la ley del 2002, pero la novedad era la bajada de graduación hasta los 1,5º, lo que afectaba a casi todas las bebidas denominadas alcohólicas.
Lo triste también es que se haya retirado por “motivos políticos” aunque yo lo veo como motivos económicos, y eso me da más pena. Al margen de que yo opine que hay ciertos aspectos que un estado no puede regular del todo, sobre todo los relacionados con la elección personal, está claro que aquí la presión ha venido por parte del mundo del vino.
Desconozco si el txakolí, la sidra o la cerveza han sido consultadas, pero lo dudo por el menor peso relativo en la economía deel Estado.
Todo esto me recuerda a la ordenanza antibotellón (mejor antilitros pero bueno) aplicada en Bilbao. Resulta que ahora el PSOE se acaba de dar cuenta de que con la ordenanza en vigor, los jóvenes ya no se concentran en unos pocos sitios, sino que se han trasladado y generado grupos más pequeños en otros lugares con el problema no se ha solucionado.
Pero si ya lo dijimos nosotros!!!!
La ordenanza no era la solución, eso es un parche para que en la calle se vea menos, los vecinos (con todo derecho) puedan disfrutar del descanso, etc… pero el problema real no era ese (aunque decirlo dé votos) sino el consumo desmesurado de alcohol. Y con la ordenanza como ya lo dijimos, eso desde luego, no se solucionaba.
De nuevo predicando en el desierto, supongo que a alguno llegará.
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Es lo de siempre Jon Aritz…
Primero quiero decir que yo soy de los partidarios de aquello que decía Horacio de que la virtud está en el medio. Es decir que todo puede ser bueno, pero siempre sin excesos.
Vamos a partir de la base de que el alcohol y el tabaco son algo totalmente perjudicial para la salud y deben ser erradicados. ¿No es mejor llevar a cabo una política de educación sobre estos productos para que las futuras generaciones no lo consuman, antes de ejercer medidas represorias o sancionadoras?
Pero, como sabes bien, parace más sencillo, tirar de la sanción y el acojone del personal, a crear objetivos a largo plazo más viables, estables y consolidables en el tiempo.
El socialismo tradicionalmente ha sido intervencionista. No me parece mal cierto paternalismo por parte del estado en cuestiones como drogas, tráfico, etc., siempre y cuando, las medidas no sean excesivas. No hay que olvidar el dinero que nos cuestan los excesos de algunos.
Decir que debemos acudir a la educación para erradicar el consumo excesivo es tan bonito como utópico. En mi opinión hay que combinar medidas educativas y sancionadoras.
Sí que cuestan dinero de todos ciertos excesos: gastos hospitalarios, farmacéuticos, asistentes, etc. Pero también con los impuestos del tabaco y del alcohol el estado cobra una pasta, y, puestos a hacer números, con el dinero de pensiones que ahorramos de la gente que la casca relativamente joven por fumar y beber…
Ironías aparte, a mí no me gusta todo lo que suene a prohibir para solucionar problemas que no se solucionan prohibiendo.
Y a Azkuna le va mucho ese rollo de “he dado orden de que se prohiba tal y cual”, así queda muy bien con muchos de sus votantes.
La última que le he oído es que “se acabo eso de llegar con el coche a toda leche hasta el centro de Bilbao asustando a la gente”, como si todo el mundo condujésemos a lo bestia.
A ver cuando sale diciendo que “voy a prohibir a los vejetes que vayan protestando todo el día y diciendo que se prohiba tal y cual”, a ver si así se prohibe a sí mismo
Buen tema.
En general soy partidario de que la gente reflexione por sí misma y decida qué debe o no debe hacer.
Pero hay casos en que es evidente que la sociedad tiene que idear mecanismos para autoprotegerse de todos esos individuos (que podemos ser cualquiera en un mal día) con conductas peligrosas para el conjunto, sin poder esperar a una concienciación que no siempre llega.
Ejemplo número 1. Siguen muriendo miles de personas en el Estado/España (tache cada lector lo que no le proceda) a causa de accidentes de tráfico. Solo con el famoso carnet por puntos y radares a tutiplen se está reduciendo un poco la siniestralidad. Y seguramente solo cuando nos pongan a todos un radar continuo en el coche o nos amenacen con meternos en la carcel por no respetar las normas se conseguirá algo de verdad importante en el tema.
Ejemplo número 2. En todo el Estado/España hay un problema acojonante de acceso a la vivienda por una parte y de locura hipotecaria de forma complementaria. La concienciacion en este tema no sirve para nada tampoco, si yo fuera presidente del gobierno limitaria por ley las hipotecas a 25 años y un tercio de la nomina del solicitante (medida nada revolucionaria pues existe ahí al lado en Francia).
Ejemplo numero 3. Estaría bien que los partidos políticos comprendieran de buena fe que no deben financiarse via donaciones anonimas sin limite (como sucede en la actualidad) por los evidentes peligros de clientelismo politico-economico que ocasiona eso, pero tengo claro que como ciudadano estaria mucho mas tranquilo con una ley que lo regulara de forma seria.
Conclusion, como norma general mejor la concienciacion siempre, pero cuando ciertos problemas sociales graves se van de la mano parece que solo las leyes pueden encauzarlos.
¿Hasta que punto aplica esto a lo que comentais del vino? Pues no se pero que cada uno saque sus conclusiones personales
Es normal, los humanos aun no estamos tan evolucionados como para elegir por nosotros mismos lo que es bueno para nosotros o para los demas
Yo también comprto que hay que tener tanto medidas educativas como sancionadoras, pero diferenciaría una cosa antes de plantear algunas de ellas: la libertad de uno termina donde empieza la deo otro.
Eso sí, hasta qué punto se puede limitar mi libertad sino invado la de nadie más? ¿el problema es cuando ese límite no está claro? Es decir, por ejemplo el tráfico. Si uno es consciente de que no debe ir a más de 120 pero va, allá él, pero si al ir a más de esa velocidad puede provocar accidentes en otros…
Caso del alcohol, si yo quiero emborracharme y no molesto a nadie pues es mi problema, pero cuando lo sobrepaso…
¿Acaso no es este un debate interesante? Como dice diego, se mezclan muchas cosas, y no solo legalidad, sino libertad, libre albedrío, derechos y deberes,…